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¡MURCIELAGOS BUENOS!
Siluetas nocturnas
que surcan el cielo,
explorando el viento.
Las vocales todas
Vuelan en sus vuelos,
diestros, zigzagueantes,
ágiles, certeros.
El rebote mudo
de sus mudos ecos,
llega a sus oídos,
detectando, presto,
obstáculos mudos
que acechan arteros;
rutas infalibles
de rumbos perfectos
que guían precisos
al grato alimento:
néctar, frutas, polen,
peces, agua, insectos.
Hartos y agotados
tornan satisfechos,
a sus escondrijos
y retraimientos:
árboles, cavernas,
casas, troncos huecos
(húmedos y oscuros
refugios secretos
que eficaces burlan
el constante asedio
de los enemigos
y los elementos).
El alba saluda
sus colgantes sueños
(la cabeza abajo)
en sombras inmersos.
¡Un sueño que dura
Lo que yo, despierto!
Por eso en las noches,
en que surcan los cielos
(buscando celosos
al dañino insecto,
al fruto maduro
aun no disperso,
la flor infecunda
que espera sus cuerpos)
les contemplo alegre
y paciente espero
que agiten las alas
y en un giro nuevo,
suave y elegante,
atrapen, contentos,
todo mi cariño
¡Murciélagos buenos!
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