
Probablemente las huellas de topo sean de los rastros más complicados de
encontrarnos en el campo. Los motivos son evidentes, pues se pasan buena
parte de su vida bajo tierra y su poco peso hace complicado que en las pocas
ocasiones en las que se aventura en el exterior coincida que pase por un
sustrato en el que deje alguna marca clara e identificable. No obstante,
cuando dejan bien sus marcas, éstas son sencillas de identificar gracias a
la diferencia morfológica tan notable que existe entre sus manos y sus pies.
Las grandes y fuertes uñas de las manos, utilizadas como excavadoras, dejan unas marcas características en forma de ligero arco con la parte interna más próxima a al pecho del animal y la externa hacia fuera y por delante, en dirección de la marcha. En ambas fotos la dirección del animal sería de izquierda a derecha. A entender esto ayuda el que las uñas en el rastro dejado sobre arena, han dejado una marca clara al arrastrarse ligeramente tras ser levantadas y antes de separarse del suelo y volver a ser apoyadas en el mismo. Muy a menudo, las incisiones que dejan sus largas uñas excavadoras son las únicas marcas que podemos observar. Curiosamente, las manos pueden dejar dos marcas por cada una del pie, parece ser que cuando el topo camina rápido.
Por lo demás las huellas de las patas posteriores
mantienen una posición similar a la lógica en el resto de los pequeños
mamíferos y de un aspecto similar, lo que las hace difícil de diferenciar.
Si el sustrato es adecuado, también pueden dejar un rastro alargado en el
centro producto de caminar arrastrando el cuerpo. Texto de Jesús Nicolás
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Rastros de Topo. Fotografía de Jesús Nicolás
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Rastros de sapo: En la siguiente imagen se ven las marcas de los dedos de la pata trasera de un sapo, muy similar a las marcas dejadas por las uñas de las manos del topo y con la que pueden haber confusión
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En esta huella, de un ejemplar más pequeño, sí podemos ver bien la disposición de las marcas dejadas por las uñas de sus manos y la de sus pies, mientras avanzaba de izquierda a derecha por el interior de una “baña” de jabalí, al sur de la provincia de Zamora. Texto y foto de Jesús Nicolás |
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