Gamos en Doñana. Fotografía de Jesús Nicolás

 

Machos de diferente edad con el pelaje típico del invierno y otoño. Jesús Nicolás JESUS_NICOLAS@terra.es

Al igual que sucede en los machos, las hembras pierden las típicas motas blancas que pintan su pelaje cuando mudan al pelaje de otoño-invierno. Jesús Nicolás JESUS_NICOLAS@terra.es


 

En aquellos lugares en los que conviven ciervos y gamos, las huellas pueden ser difíciles de diferenciar. Si en los ciervos adultos pueden alcanzar entre los 8 y los 10 cm, en los gamos oscilan entre los 6 y los 8 cm. La huella dejada por una hembra de ciervo o una cría puede presentar un tamaño similar a la de un macho de gamo. El mejor indicio, cuando es visible, es el tamaño de la almohadilla, cuya proporción es muy superior en el gamo en comparación con otros ungulados, pues alcanza casi la mitad de la longitud de la huella. Jesús Nicolás JESUS_NICOLAS@terra.es

 

 Esta hembra de gamo estaba enferma el día anterior a localizarla en esta situación, encontrándose en muy mal estado incluso para desplazarse. Muestra restos de sangre en el cuello, lo que quizás indique que algún animal la atacó adelantándole una muerte que era ya inevitable. Había varias huellas diferentes y confusas en la arena, siendo aparentemente de meloncillo y gineta. El animal o animales que se alimentaron de ella, consumieron casi todo la carne del muslo de su pata izquierda. Jesús Nicolás JESUS_NICOLAS@terra.es

 

 

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