El corzo ocupa buena parte de Europa y se ha extendido por numerosas regiones de la Península Ibérica. Prefiere paisajes donde la cobertura forestal se combina con bordes, claros y áreas de alimentación.
Reconocer al animal
Es el cérvido ibérico de menor tamaño. Presenta patas finas, grupa clara y una cola tan corta que apenas resulta visible. Sólo los machos desarrollan cuernas, que se renuevan periódicamente.
El color cambia con la estación: más rojizo en verano y más gris o pardo durante el invierno. La silueta y la grupa suelen ser pistas más fiables a distancia que el tono exacto.
Huellas y señales
La huella muestra dos pezuñas estrechas y apuntadas. En sustrato firme puede verse compacta; al correr o hundirse en barro, los dedos se separan y pueden marcarse las pezuñas accesorias.
También deja camas entre la vegetación, sendas y marcas de frotamiento. Los machos pueden raspar tallos jóvenes durante la época territorial.
Vivir en los bordes
El corzo selecciona brotes, hojas, frutos y otras partes vegetales nutritivas. El borde entre bosque y espacio abierto le ofrece alimento próximo a la cobertura.
En carretera, su actividad crepuscular exige especial atención. Reducir la velocidad en tramos señalizados y en corredores de fauna protege tanto al animal como a los conductores.